Albert Einstein

"El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo Arte y Ciencia verdaderos". Albert Einstein.

domingo, 24 de marzo de 2013

La Música existe para cuando nos faltan las Palabras


El nombre del viento, es la primera de las novelas escritas por Patrick Rothfuss de una trilogía, en principio, llamada Crónicas del asesino de Reyes. Lo mío no es desmenuzar la trama ni hacer una crítica del libro, eso, lo dejo para otros blogs como: Libros hasta el amanecer, o Marcando página, donde por cierto, se hacen las cosas muy bien. Si es cierto que de vez en cuando me gusta cambiar la dinámica del blog y hoy os traigo algunos textos del primero de los libros que os he comentado, titulado: El Nombre del Viento.
Es un libro de narrativa fantástica en un mundo muy a lo Tolkien, con sus diferencias, en realidad no tienen nada que ver el uno con el otro. Su punto fuerte es la narración, como se expresa el autor, haciendo de la lectura una bella conjunción de letras enlazadas que parece escrita por ángeles celestiales cantadas por arpas y liras.
 En fin, aquí os dejo los textos que más me han gustado. Os recomiendo el libro, y su continuación, que ahora mismo estoy en proceso de lectura. Un saludo a todos.

domingo, 17 de marzo de 2013

Existir


En una partida, sólo vale ganar, la derrota se pagará cara.

 Los soldados se sitúan en sus respectivas posiciones, separadas por tan sólo dos casillas de sus rivales. 
Luz y oscuridad, oscuridad y luz, mentiras y verdades, y nada más incierto que el bando en el que luchas.

martes, 12 de marzo de 2013

Sueños de Primavera: Semana Santa 2013


            Ha pasado el tiempo. Tiempo que se llevó, tiempo que pasó, y en el corazón quedó el amor que una vez me dio. Ahora en el cielo él me vio y por fin se fundió, con Jesús de Nazaret.

sábado, 9 de marzo de 2013

Cuando la Tierra habla: Darkness


“Tuve un sueño, que no era del todo un sueño.
El brillante sol se apagaba, y los astros
vagaban diluyéndose en el espacio eterno,
sin rayos, sin senderos, y la helada tierra
oscilaba ciega y oscureciéndose en el aire sin luna;
la mañana llegó, y se fue, y llegó, y no trajo
consigo el día,
Y los hombres olvidaron sus pasiones ante el terror
de esta desolación; y todos los corazones
se helaron en una plegaria egoísta por luz;
y vivieron junto a hogueras - y los tronos,
los palacios de los reyes coronados - las chozas,
los hogares de todas las cosas que habitaban,
fueron quemadas en las fogatas; las ciudades se consumieron,
Y los hombres se reunieron en torno
a sus ardientes refugios
para verse nuevamente las caras unos a otros;
Felices eran aquellos que vivían dentro del ojo
de los volcanes, y su antorcha montañosa:
Una temerosa esperanza era todo lo que el mundo contenía;
Se encendió fuego a los bosques - pero hora tras hora
Fueron cayendo y apagándose - y los crujientes troncos
se extinguieron con un estrépito -
y todo fue negro.

domingo, 3 de marzo de 2013

Destinados a Morir


            Allí sentado, en su nueva cama, se encontraba mirando al horizonte. Tras la ventana podía apreciar el vasto bosque que se extendía más allá de donde el pudiera alcanzar a ver.
            La habitación resplandecía gracias a la claridad que entraba por la ventana, la luz, se reflejaba en las paredes lisas y blancas de estas. Se sentía bastante a gusto allí, contemplando el maravilloso paisaje que se abría ante él. Le parecía tan bello, tan natural.
            Estaba tan fascinado, que no se percató que la puerta de la habitación se había abierto. De pronto, una fuerte y gran mano se apoyó en su hombro. Ules, no pudo más que pegar un pequeño brinco de sorpresa al que podríamos llamar susto. Rápidamente levantó la cabeza y vio al doctor a su lado, cosa que lo tranquilizó. El doctor se había quedado allí sin decir nada, mirando tras la fabulosa ventana, al frente. Sus ojos, cristalinos reflejaban la luz del sol, tenían una fuerza esplendorosa, a lo que contribuía su tez morena y su pelo del brillo de la plata.
Ules, lo estuvo observando durante un buen rato, era alto y robusto, pensó que debía de medir cerca del metro noventa, y pese a aparentar en un primer momento ser mayor, que lo era, visto tan de cerca parecía un hombre de mediana edad.
-¿Cómo te encuentras hoy?-. La voz sonó fuerte, como una tormenta y a la vez un susurro en el silencio, sería muy difícil describirlo, era una voz que imponía pero a la vez llena de paz.
-Bien-.
-Me alegro-. Hizo una mueca con la boca, algo así como una sonrisa que hubiera resbalado por sus labios.- Has estado cerca de no contarlo,- miró fijamente a los ojos del muchacho y prosiguió,- creo que eres consciente de ello, ¿verdad?-. Ules le desvió la mirada, y tras un segundo que le pareció eterno, asintió mirando al suelo, con la mirada perdida en él, en sus pensamientos.- No debes preocuparte por nada, estas aquí, fuera de peligro. Debes de saber que en ocasiones la vida nos pone a prueba, podemos caer, pero mientras que no nos trague la tierra siempre nos quedará la posibilidad de levantarnos.-Paró brevemente, como si estuviera escogiendo meticulosamente las palabras a utilizar y continuó.- Puedes que hayas sufrido mucho, no te lo voy a negar, ni tan siquiera sé exactamente donde pudiste ir durante el periodo de tiempo que te creímos perdido, pero no te olvides nunca que estamos aquí para ayudarte. Confía en mí.
-Hubo momentos…- dudó si seguir, parar, o contarle lo que había experimentado. Finalmente prosiguió- en los que creí, firmemente que la vida vivida aquí fue un simple sueño,- levantó la cabeza, miró al horizonte, y luego al doctor- ¿Qué somos? Por más que le doy vueltas a la cabeza no sé que pensar. No sé si llamar tiempo al tiempo, todo es muy relativo… Hubo momentos en los que parecía que era consciente de mi estado, otros sin embargos se mezclaban con sueños que parecían totalmente reales, y luego al final de todo, cuando tuve la firmeza, la constancia de que todo lo vivido aquí era falso, apareció él.- De sus ojos emergieron lágrimas, aunque intentó disimular el doctor se percató de ello. Se sentó a su lado y le extendió su brazo izquierdo, rodeando su cuerpo, abrazándolo contra él.
-Me recuerdas a un chico que una vez conocí.- De nuevo la mueca hizo acto de presencia, sus ojos brillaron más intensamente. Emanaban misterio, y la seguridad que un padre podría proporcionar a sus hijos en los tiempos más oscuros. Ules capto al momento la fuerza que irradiaban y le confortó sobremanera-. No le des más importancia a las cosas de las que debieras. Ahora tienes una responsabilidad mayor si cabe que antes. Eres el dueño de dos vidas, de la tuya y la del huésped que tan cariñosamente dejó este corazón que ahora late en tu pecho para seguir viviendo en alguien.- Golpeó el brazo izquierdo de Ules, consolándolo, le revolvió su enmarañado pelo castaño y se levantó.- No olvides que todo ser está destinado a morir, pero él- señaló a su pecho- quiso seguir viviendo, así que no dudes de ti, puedes hacerlo, estamos en un mundo donde las probabilidades son inmensas, si buscas respuestas, quizás las encuentres, pero cuidado, no todas las preguntas que tenemos son susceptibles a abrirse a una respuesta, los caminos pueden ser varios, y tras ellos quizás solo abras más puertas, más opciones. No cometas el error de ir tras algo imposible. A veces puedes tener la sensación de que lo alcanzarás, sin embargo, finalmente, es ese algo el que verdaderamente te dará caza, entonces, echarás a correr, pero será demasiado tarde, no habrá salida.- Agachó la cabeza, como si le pesara, se acarició el cuello, se volvió hacia la puerta, salió de la habitación, iba a cerrarla, cuando decidió no hacerlo y dijo:
-No pierdas la esperanza de saber lo que por tu mente está ahora desfilando, pero debes de ser precavido a la hora de escoger las preguntas, ahora descansa, mañana recibirás el alta.- Cerró la puerta y allí, se quedó Ules, sólo, pero no tanto como hacía unos instantes.
Llevaba tanto tiempo allí metido. Se aburría. Pero las pocas conversaciones que había mantenido con ese doctor, habían calado hondo en él. Quería saber lo que le había pasado, no su infarto, no que le fallara el corazón, sino el motivo por el cuál gracias a un sueño, un único sueño, él seguía allí. Lo extraño para él, era ver la psicología tan desmedida que tenía el enigmático profesor. A penas había mantenido dos, quizás tres conversaciones, nunca algo más que para saber sobre su estado, y con la poca información añadida en los pocos minutos que duraban estas, aquel hombre había intuido lo que le pasaba por la mente. Se sentía fascinado por el poder que emergía de él, era algo absorbente, desproporcionado para un humano.